domingo, 19 de febrero de 2012

"Es el sistema, estúpidos".

(artículo publicado en El Mundo el 19 de febrero de 2012)


El 7 de noviembre de 2010, UPyD registró una iniciativa parlamentaria para interpelar al lehendakari sobre los propósitos del Gobierno Vasco para impulsar la modificación de la Ley de Territorios Históricos y, por ese camino, racionalizar el disparatado entramado institucional vasco. El lehendakari me respondió que “lo verdaderamente importante no es que ahora, porque sí, empecemos a poner en cuestión nuestras instituciones y nuestro modelo institucional” sino “evitar duplicidades, solapamientos y gastos innecesarios”. El 9 de diciembre de 2010, registramos una moción solicitando al Gobierno la inclusión en el calendario legislativo del Proyecto de Ley de reforma de la Ley de Territorios Históricos, al objeto de eliminar las duplicidades y las ineficiencias existentes en Euskadi. Los foralistas de toda la vida, es decir, PNV y PP, así como los que tienen el miedo foral metido en el cuerpo, esto es, el Partido Socialista, votaron en contra. Y eso que tal propósito está incluido en el incumplido programa socialista. Sea como fuere, en aquel debate se acordó instar al Gobierno a elaborar un informe que analizara las duplicidades en las que incurren las Administraciones Públicas Vascas. Y tal informe es el que pudimos conocer hace unos meses: 403 millones de euros el coste anual de la broma. El propio Lehendakari explicó que el coste sería mucho mayor. Al fin y al cabo, el informe no había podido analizar el conjunto de las instituciones (ya saben, las diputaciones no colaboraron) ni todas las políticas públicas. (Por cierto, ¿dónde están y quiénes son los responsables de este dispendio de dinero público?)

A partir de ese informe, se acordó en el Parlamento Vasco la constitución de una Comisión de estudio sobre duplicidades e ineficiencias existentes en el entramado institucional vasco. El dictamen será debatido en Pleno. Nosotros ya sabemos qué tipo de arquitectura institucional necesitamos: aquella que mejor sirva a los intereses de los ciudadanos, la más eficaz, la más eficiente y la más igualitaria. Es decir, creemos que ya hay razones sobradamente conocidas y suficientes para modificar la Ley de Territorios Históricos y reformar a fondo el entramado. No es razonable que una Comunidad Autónoma como la vasca, con apenas dos millones de habitantes, tenga nada más y nada menos que cuatro parlamentos y tres haciendas forales. No es coherente que, en pleno siglo XXI y mientras se demuestra imprescindible una política fiscal común para el conjunto de la zona euro, tengamos aquí tres políticas fiscales distintas, una por cada territorio, y el absurdo resultante: el hecho que los vascos paguemos distintos impuestos en función del territorio histórico donde residamos. No es entendible que Euskadi no tenga un Plan Conjunto de Lucha contra el Fraude Fiscal porque cada vez que se propone aparece el diputado general de turno bramando que la competencia de lucha contra el fraude es suya y sólo suya. Podemos crear tantas comisiones y ponencias como sus señorías propongan. Podemos hacer como que no conocemos el problema y seguir dando largas a las soluciones del mismo. Podemos calcular electoralmente si esto de denunciar este disparate nos da más o menos votos. La pregunta es si existe voluntad política para cambiar las cosas y superar el conservadurismo de los inmovilistas.

Parafraseando la famosa frase de James Carville, el estratega de Bill Clinton, podríamos decir que “es el sistema, estúpidos”, ése es el problema. Es el propio entramado institucional vasco el que falla clamorosamente. Porque, lo que dice el estudio ya lo sabíamos. Insisto: el asunto es si existe voluntad política para cambiar las cosas. Y nosotros tenemos voluntad y una propuesta a discutir sobre el asunto. No basta mejorar la coordinación entre las administraciones. Es necesario reformar la Constitución Española, el Estatuto de Gernika y la Ley de Territorios Históricos. Debemos alcanzar una nueva distribución competencial y, en todo caso, clarificarla. Debemos modernizarnos. No es sólo que a nuestras administraciones les sobre grasa, sino que sobran administraciones. Las Diputaciones Forales deben ser suprimidas. Del mismo modo que no podemos tener tres de todo, tampoco podemos tener, porque no los necesitamos, nada menos que tres parlamentos forales que además hagan oposición y competencia al Gobierno Vasco. Ni la oscura red clientelar de organismos públicos que nos chupan la sangre para el beneficio de unos pocos. Y necesitamos una Ley Municipal que sitúe a los ayuntamientos en el lugar que les corresponde, con competencias claras y autosuficiencia financiera. Mal que les pese a los conservadores, nuestro entramado institucional no es intocable: a los ciudadanos del siglo XXI nos toca cambiarlo. Me decía el lehendakari el pasado día 7 de noviembre de 2010 que “lo verdaderamente importante no es que ahora, porque sí, empecemos a poner en cuestión nuestras instituciones y nuestro modelo institucional” sino “evitar duplicidades, solapamientos y gastos innecesarios”. No es “porque sí”, señor Lehendakari. El modelo es inviable. Ahora hay que dar los pasos necesarios para reformarlo a fondo con un objetivo fundamental: servir mejor y de manera más igualitaria a los ciudadanos.

4 comentarios:

Sake dijo...

La pregunta puede ser ¿cuantos amigos se quedan sin sillón si se suprimen los organismos innecesarios?, y entondes podemos decir, claro.

esanman dijo...

Siguiendo su razonamiento que dice "que no puede haber tres de todo", Estaría su partido a favor de la desaparición de las autonomías como las conocemos actualmente, 17 parlamentos, gobiernos y la burocracia. dejando el aparato funcionarial actual como servicio al ciudadano.
hay que ser realista. La ciudadanía clama y reclama contra los políticos y su forma de hacer política. Mientras no se reforme la Ley Electoral General, se abandone la estructura caciquil de compra-venta de votos, no exista políticas de estado en materias fundamentales del estado del bienestar como la sanidad, educación, trabajo, dependencia, creación de un entramado económico sostenible en el tiempo lo unico que oiremos los ciudadanos son cantos de sirena de los privilegiados de la Política que protegen lo que creen que es suyo y que no les pertenece; Pertenece al pueblo soberano.

andronico dijo...

Leo con interés sus propuestas de modernización de la estructura institucional vasca. Sus argumentos van mejorando y aclarando cuestiones, pero todavía creo que faltan por concretar algunas cosas. Esta concrección es importante máxime cuando hay una cierta coincidencia en este campo, más aparente que real, con el ultranazionalismo vasco que representan EA y ETA-Batasuna.

No olvidemos que Garaicoechea salió volando de su poltrona por la Ley de Territorios Históricos. Desde el mundo de ETA (no hablo de Amaiur, Bilbu, Sortu o todas esas entelequias sin contenido real) ya se está hablando sin ambajes de la liquidación de los Herrialdes, o sea de las provincias y la imposición de un régimen férreamente centralista. Es obvio que el objetivo final sería aniquilar la pluralidad cultura que representan de Alava y Navarra.

Ante esto ¿desaparecerían las provincias o se mantendrían, aunque fueran como un referente cultural o histórico?
La Administración vasca no tiene una estructura provincial, es rígidamente centralista y todo depende de Vitoria directamente. Con la desaparición de las Diputaciones ¿habría una estructura administrativa provincial, siquiera en algunas áreas?
Yo tengo claro que sus planteamientos políticos en esta materia son diferentes de los del Ultranacionalismo, pero creo que la mayoría de la población que hasta ahora ha visto la cosas con distancia, demasiada distancia, puede quedar muy confuso. PP os va a machacar por esta vía, en especial en referencia tema de Alava que tiene una personalidad y unas diferencias muy marcadas con el resto del País Vasco. Dejar delimitadas con rotunda claridad las diferencias de planteamiento y de objetivos finales es básico: ellos quieren usar el centralismo para aniquilar aquello que no coincide con el "canon cultural y político" de raiz fascista que quieren imponer mientras UPyD lo plantea para introducir racionalidad y dar protagonismo al ciudadano.

Finalmente en su discurso hecho en falta la referencia al Federalismo. Al fin y al cabo, la eliminación de Diputaciones, la reducción de ayuntamientos (os las veréis con el mundo de ETA y el PNV que mantienen cutre-alcaldías como las de los pueblecitos del interior de Guipuzcoa) el aligeramiento de la desmedida estructura de Vitoria, no se entienden sin el objetivo final de esa trayectoria: el federalismo con unas autonomías fuertes dentro de un Estado fuerte.

La referencia al Federalismo también serviría para poner en evidencia las brutales contradicciones de la izquierda, en especial IU y en este campo no debe olvidar UPyD que en tanto por ciento, la fuerza política de la que más votos recibistéis en relación a elecciones de 2008 fue IU: la sumisión al ultranacionalismo ya la han pagado y la tienen que pagar más. No es admisible que IU que siempre ha defendido el Federalismo, esté llamando a UPyD quien defiende el mismo Federalismo, "derecha extrema o neofalangistas".

Independientemente de esas pequeñas acotaciones, le felicito por su valentía en plantear ante la población que "el rey está desnudo".

easonensus dijo...

Sigo pensando que una auténtica autonomía (me da igual federalista, confederal, simétrica o asimétrica) tiene su fundamento en la libertad de recaudación y gestión por parte de cada Administración Pública de los impuestos que requiera para su funcionamiento. Curiosamente, las dos CA que menos problemas de morosidad tienen son Navarra y Euskadi.

¿Casualidad? No lo creo. Esto no tiene que ver con debates ideológicos-identitarios-territoriales, sino con la configuración de un sistema que sea rentable y óptimo. El actual Estado de las Autonomías sólo está activo, de facto y de manera desbordada, en el P.Vasco y en Navarra. En las demás comunidades, la falta de capacidad y competencias para gestionar la recaudación y uso de los impuestos provoca colapso y rensentimientos (a veces justificados) entre las diferentes regiones españolas.

De verdad, ¿no es obvio que un sistema que se base en el fraccionamiento recaudatorio (Ayuntamientos-Autonomía-Estado) es mucho más ágil que el actual sistema?

No nos obcequemos con cuestiones más sentimentales que pragmáticas. Si desarrollamos un sistema "autónomo", hagámoslo con todas las consecuencias. Si no, tendremos lo de siempre: un engendro híbrido que no sabemos ni por donde empieza y acaba.

Un saludo